Asset+3-01.jpg

La Estafa de las Tallas

Tomado del increíble insta @recipesforselflove

Tomado del increíble insta @recipesforselflove

 
 

El otro día, una amiga que tiene una tienda online de trajes de baño, me dijo que pasara por algunos para usarlos y hacer fotos (y sorpresa, no es Nane quien está escribiendo esto). Le dije que sí, más que todo porque los trajes de baño son cute y hacer fotos es explorar límites que ya llevo arrastrando por años. Como full disclaimer, no me gusta que me hagan fotos, realmente no.

Entonces llego yo por las cosas, y me probé al menos 6 trajes de baño distintos, de una pieza, de dos, etc. Ninguno me quedó, y la talla máxima era L. Por un momento tuve unos segundos de incomodidad, pensando: “yikes, ahora tengo que ir a decirle que ninguno me quedó, que pena”. Pero luego, me di cuenta que la incomodidad en realidad debería sentirla ella, que no tenía tallas suficientes para muchos tipos de cuerpo, y que a la “diversidad” que ella quería comunicar en sus redes sociales, le faltaba muchísimo camino por recorrer.

Reflexionando horas después, me di cuenta lo mucho que mi mentalidad ha avanzado con el paso del tiempo. Desde pequeña tuve que escuchar a mi mamá preguntarme si se veía gorda casi que todos los días, la ví restringir sus comidas, hacer más ejercicio de la cuenta. Yo le decía que lo que importaba estaba por dentro, porque eso era lo que escuchaba de mi abuelita. Pero eso no importaba nada cuando iba a las tiendas y salía llorando porque no encontraba ni un solo pantalón que le quedara (hasta que J.lo, Dios la bendiga, sacó una línea de pantalones para mujeres con caderas anchas). Con los años, fuimos creciendo en un hogar donde la comida era súper saludable y rica, pero al salir a restaurantes era mal visto que me comiera las papas con la hamburguesa o que pidiera salsas con crema. Eventualmente una de mis hermanas desarrolló un desorden alimenticio, y mi mamá le encontraba cintas para medir en el bulto del colegio. (Que ojo! Tampoco le estoy echando la culpa a ella, después de todo, ha sido una víctima más de este  desgraciado sistema)

Gracias a todo este contexto, he evitado a toda costa caer en esos vicios psicológicos que nos afectan tanto a las mujeres (a los hombres también, y no quiero invisibilizar eso, nada más que no es el enfoque de este texto). He hecho mi propósito de aceptarme y amarme cada vez que me veo en el espejo, y lo he logrado. Porque ya no me deprimo cuando no encuentro jeans para mí en Forever 21, o porque soy la talla más grande de una tienda… porque entiendo de dónde viene el problema y ¡sorpresa! No soy yo.

La historia de las tallas se ha modificado con el tiempo, empezando por que, en los inicios de la producción masiva de ropa, los fundamentos para “el cuerpo femenino estándar” en Estados Unidos estaban basados más que todo en la medida del busto y no contaban con la información de mujeres de distintas etnias o tamaños. Poco a poco, el sistema de tallas se fue modificando, hasta llegar al fenómeno de “vanity sizing” en el que los fabricantes de ropa se dieron cuenta que podían “halagar” a sus compradoras poniéndole un número más bajo a su talla regular. Esto funciona a la inversa también, creando una sensación de decepción en las personas que no lograban encajar en este sistema o que solo cabían en los números grandes.

¿Alguien ha visto Mad Men? En esta serie del 2011, Christina Hendricks brilla como uno de los personajes principales, pero en la vida real, con costos lograba que algún diseñador le prestara vestidos para la alfombra roja, porque solo tienen tallas 2 y 0.  

La dura realidad es que sí hemos avanzado en temas de representación y de apertura en estándares de belleza, pero no lo suficiente. No lo suficiente porque yo, que soy talla 10-12, aún me voy con las manos vacías casi siempre de las cadenas masivas de ropa. No lo suficiente, porque los trajes de baño que me querían regalar no fueron compatibles con mi cuerpo. No lo suficiente, porque tenemos que hacer más al respecto.

Desde nuestro lado ¿saben qué es lo más importante que podemos hacer? Entender que nosotras NUNCA somos el problema, que nuestros cuerpos son hermosos y valiosos sin importar nada más.

Y que viva el elástico, los botones duelen mucho.